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El cineasta narró su experiencia al rodar en la selva del Vaupés la primera película colombiana que ha sido nominada a un premio Óscar.

Edimedios. –Guerra está próximo a cumplir 35 años. Nació en Río Oro, Cesar, y ha sido un  afortunado de la vida porque, pese a su corta carrera como realizador, está escribiendo el capítulo más importante del cine colombiano.

Para contar lo que fue el duro trabajo de dirección de ‘El abrazo de la serpiente’, Ciro Guerra nos sumerge en los momentos más críticos del rodaje en la selva profunda del Vaupés, en una entrevista concedida para la revista Esquire Colombia.

“Esta película es un viaje al corazón del Amazonas (…) pero realmente para poder entrar a este mundo desde ese punto de vista indígena me costó mucho. Yo casi me enloquezco escribiendo el guion”.

“Recorrimos una gran parte. Llegamos a lugares realmente inhóspitos. Contactamos personas que están casi al borde de la civilización y fuimos más allá,  a lugares que están fuera de la grilla. En todos esos lugares en donde no existe el dinero, donde un millón de dólares sólo sirven para hacer una fogata”.

“Me acuerdo una vez que un piloto me dejó en una línea de la selva y me dijo –bueno nos vemos tal día y tal hora acá; a partir de este momento usted está a dos semanas a pie de un radio-“.

“El Vaupés nos pareció el mejor lugar para rodar, porque es una selva que está muy conservada; es una selva muy hermosa, los ríos son negros, muy llenos de minerales y a diferencia de Leticia o de otros lugares en donde hay mucha ganadería, acá hay es una selva virgen. El Vaupés es la Capilla Sixtina de Colombia, es lo más valioso que tenemos. Si lo logramos conservar, en 500 años eso será invaluable”.

“Rodar en estos lugares implica un gran riesgo. La selva te destruye en 5 minutos si le da la gana”.

“Cuando uno llega sin acompañarse de la gente del lugar y sin respetar el lugar, a tratar de imponer una lógica del mundo occidental en la selva Amazónica, simplemente ella lo rechaza a uno y si eso pasa uno se muere o el rodaje muere o naufraga inmediatamente”.

“Antes de la pre producción estábamos asustados. Una vez vimos llover 36 horas seguidas; tuvimos 5 semanas sin lluvia, pasaron cosas como que dábamos el corte para el almuerzo y empezaba a llover, parábamos el corte de almuerzo y se cavaba la lluvia o parábamos el corte al final de rodaje y se mandaba el aguacero bíblico, demencial”.

“Todo era muy difícil, cada plano, cada puesta de cámara, cada desplazamiento en bote, cada cosa era tanto el esfuerzo y tan poco el tiempo que yo no pensaba que podía aguantar ese ritmo”.

“Debíamos rodar en  el Inírida y la única forma de llegar era en un DC3, un avión de la Segunda Guerra Mundial. Esa es una experiencia que te cambia completamente tu percepción acerca de la aviación, pero volar en un avión de esos sobre la selva es una experiencia inolvidable”.

“Una cosa fundamental a la hora de ver la película es que este Amazonas que ves en la película es un Amazonas que ya no existe, estamos recreándolo, porque este Amazonas puro, virginal ya se perdió”.

“La inspiración de la película llegan de las imágenes de estos exploradores, ver estas fotografías que nos hablan de todo este mundo que se perdió. La selva es muy monocromática y puede ser muy aburrida. Con el blanco y negro todo se volvía mucho más expresivo, más interesante, más misterioso. Realmente la película se ve mil veces en blanco y negro de lo que se vería a color”.

“Decidimos rodar esta película en 35 mm, que es un formato que se utiliza cada vez menos, pero por eso es más valorado”.

“El cine es un formato químico y el ser humano es químico, somos un proceso químico en funcionamiento y el cine captura muy bien eso”

“Me gustan los formatos digitales cuando son de muy baja calidad, pero cuando el digital está tratando de imitar lo inimitable del fílmico, realmente no me parece tan interesante”.

“Las películas que yo hago están muy profundamente relacionadas con los sueños y con llevar a lugares diferentes, porque eso es lo que el cine me ha dado. Vivir momentos imaginarios”.

“A mí, lo que me gusta es invitar al espectador a que llegue a lugares in imaginados y creo que no hay lugar más inimaginado en el mundo que Colombia

“No nos hemos dado cuenta pero estamos viviendo la época del oro del cine colombiano y lamentablemente mucha gente se lo está perdiendo o está siendo más apreciada afuera”

“Estas películas están hablando de la Colombia de hoy y hablarán para siempre de eso, si lo queremos valorar o no, eso es otro problema”.

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